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Materiales Didácticos para Secundaria - Prevención de la Violencia de Género Imprimir E-Mail
Ínicio
Materiales Didácticos para Secundaria - Prevención de la Violencia de Género
2. La Violencia de Género
3. Objetivos de la Unidad Didáctica
4. Orientaciones Metodológicas
5. Propuesta de actividades

Autoras: Maite Gorrotxategi Larrea
Isabel Mª de Haro Oriola
Edita: Consejería de Educación y Ciencia. Junta de Andalucía

 1. INTRODUCCIÓN

Los malos tratos a la mujer en la pareja y en general la violencia contra las mujeres, es un fenómeno que se ha dado y se da en todas las culturas humanas. Sin embargo sigue siendo un fenómeno invisible, y sobre todo, minimizado.
La violencia contra las mujeres o violencia de género, vulnera algunos de los derechos más básicos de todo ser humano, explicitados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
Artículo 3. Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 5. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Artículo 16.3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho
a la protección de la sociedad y del Estado


La violencia en la pareja es, sin duda alguna, producto de la desigualdad profunda, mantenida y
reforzada a través de los siglos entre hombres y mujeres. Es por lo tanto un fenómeno con arraigadas
raíces culturales que dan lugar a una estructura social basada en el sexismo, en el poder otorgado a los
varones y a lo masculino y en la desvalorización y sumisión de las mujeres y lo femenino.
Las diferentes conductas que se aprenden como apropiadas para las mujeres y los hombres en
una determinada sociedad y momento histórico, no se cuestionan y se consideran ciertas y biológicamente
naturales, siendo en realidad sólo la reproducción de unos estereotipos sociales.
Históricamente, las mujeres han sido socializadas para la vida doméstica (el cuidado de otras
personas) y los varones para la vida pública (el trabajo asalariado y la gestión de la política, la economía,
la ciencia y la cultura). Para cumplir estas funciones, hombres y mujeres han desarrollado distintas
capacidades y valores. Pero esto es sólo una media verdad. La cultura femenina y masculina
no son sólo diferentes sino que son desiguales, hay una relación de poder y dominio de lo masculino
sobre lo femenino.
La socialización de género tiene como consecuencia el desarrollo parcial tanto de mujeres
como de hombres, pero sin duda alguna es más doloroso pertenecer a una cultura o grupo social desvalorizado
que pertenecer a una cultura o grupo social prestigioso. Este hecho explica la razón por
la que el colectivo de mujeres esté siendo el motor principal de cambio hacia una estructura social y
de relaciones humanas más igualitarias.
El sistema educativo implantado por la LOGSE, contempla la necesidad de superar la socialización
de género, promoviendo y facilitando el pleno desarrollo del alumnado como personas:
"El objetivo primero y fundamental de la educación es el de proporcionar a los niños
y a las niñas, a los jóvenes de uno y otro sexo, una formación plena que les permita
conformar su propia y esencial identidad, así como construir una concepción de
la realidad que integre a la vez el conocimiento y la valoración ética y moral de la
misma. Tal formación plena ha de ir dirigida al desarrollo de su capacidad para ejercer,
de manera crítica y en una sociedad axiológicamente plural, la libertad, la tolerancia
y la solidaridad".

La LOGSE se dirige así hacia una educación integral de las personas que, entre otros aspectos,
conlleva lograr que sean críticas, igualitarias, tolerantes y solidarias. A ello contribuye de especial
manera, la inclusión de las áreas transversales que conllevan contenidos altamente educativos que
impregnan el curriculum de valores éticos y cívicos.
Así, desde la escuela, se asume la responsabilidad de que se debe educar y no sólo instruir,
satisfaciendo la demanda social actual y llevando a cabo una Educación en Valores que dé respuesta
a los problemas sociales más acuciantes, como el de la violencia de género.
Ello se encuentra definido en los diferentes currículos que se han establecido en Andalucía para
cada etapa educativa.

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El desarrollo y la organización de la Educación en Valores y de los Temas Transversales del
currículo, debe perseguir dinamizar el tratamiento de estos contenidos en los centros educativos a través
de sus Proyectos Curriculares. Centros en los que la forma de enseñar las relaciones personales,
la organización del espacio, el lenguaje y un largo etcétera, van conformando la personalidad de las
alumnas y los alumnos, inculcándoles valores, formando hábitos y desarrollando pautas de conducta
ante la vida social.
Como indican Taberner, J., Bolívar, A., Ventura, M:
"Cada centro escolar genera estructuras, roles, códigos de conducta, normas, patrones de
acción y comunicación, que dan lugar a una cultura específica, con un sentido propio de identidad
y coherencia, constituido por aquellos valores (éthos o mores) compartidos por la mayoría de los
miembros".
El Centro docente, como espacio y organización social con unas relaciones propias, es el que
–a la larga– va a contribuir decisivamente, más allá del aula y pupitre, a la educación ético-cívica.
Estas expectativas y patrones de acción permite, favorecen o no, una cooperación o individualismo,
coordinación de deseos, propuestas e intereses, toma de decisiones colectivas, diálogo, debate,
"ponerse en lugar de otro", modelos, etc., que justamente constituyen la vida moral del Centro.
En la medida que los valores, principios y normas son establecidos por los alumnos, alumnas
y profesorado, además de comprometerse a respetarlos y generar un sentimiento de tomarlos como
propios, proporcionan una participación activa y democrática, de índole moral en los asuntos de la
escuela".

El propio centro, además, por sus características y por su función educativa, se convierte en un
lugar idóneo para llevar a cabo un análisis crítico de la realidad cotidiana del alumnado, así como de
los mensajes educativos no formales que le llegan por distintas vías (medios de comunicación, familia,
grupo de iguales, etc.)
Ciertamente, cuando en los centros educativos se trabaja en Educación en Valores y Temas
Transversales, ya se está educando a las alumnas y alumnos en unas relaciones igualitarias, solidarias,
respetuosas, tolerantes, comprensivas y críticas que promueven, por sí mismas, la erradicación
de cualquier tipo de discriminación y violencia, incluyendo la violencia de género.
Específicamente, un trabajo adecuado en Coeducación, Educación Afectivo-Sexual y Educación
para la Convivencia, implica la posibilidad de conseguir un buen nivel de autoestima, de lograr
la capacidad para analizar los sentimientos y conflictos para poder resolverlos, de adquirir la habilidad
de comunicación, así como de la toma de conciencia de la opresión para poder modificarla, y, en
definitiva, de transformar las bases sociales y culturales que generan en la actualidad la discriminación
entre los sexos, y por tanto la violencia de género.
Algunos de los objetivos, de estas Áreas Transversales, en la Educación Secundaria Obligatoria
son:

• Formarse una imagen ajustada de sí mismo, de sus características y posibilidades y actuar de
forma autónoma valorando el esfuerzo y la superación de dificultades.
• Relacionarse con otras personas e integrarse de forma participativa en actividades de grupo con
actitudes solidarias y tolerantes, libres de inhibiciones y prejuicios.
• Analizar los mecanismos y valores que rigen el funcionamiento de la sociedad, especialmente los
relativos a los derechos y deberes de los ciudadanos.
• Potenciar la construcción del conocimiento sexual respecto al conocimiento de sí mismos y de las
demás personas, las relaciones interpersonales y el conocimiento de las instituciones.
• Restablecer la comunicación en las relaciones de amistad, relaciones de pareja, experiencias de
enamoramiento y amor, para aprender a compartir las preocupaciones, sentimientos y vivencias
sexuales.
• Promover una educación no sexista o no discriminatoria.