Control Eyaculatorio
El mal sexo mata el amor | El mal sexo mata el amor |
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Nueve moralejas para recordar Por Javier Ortiz Los programas sobre el control eyaculatorio generaron una respuesta abrumadora entre los oyentes, quienes mostraron un verdadero interés en solucionar el problema. De hecho, algunos iniciaron su entrenamiento en el Centro de Balance Integral. Así mismo, algunas mujeres compartieron conmigo el profundo sufrimiento que dicha condición les produce y manifestaron su disgusto con "los hombres", achacándonos toda la responsabilidad de su insatisfacción sexual y acusándonos de preferir el placer al amor. En honor a la verdad, la responsabilidad sobre su triste condición es 100% compartida por los dos géneros. Para que lo entiendas bien voy a contarte una historia verdadera. Te recomiendo leerla... para que no sea la tuya. Breve historia de un amor frustrado Ana María se casó con Juan amándolo y deseándolo mucho. Su sexualidad antes del matrimonio fue muy satisfactoria... hasta que iniciaron sus relaciones coitales, en las cua-les nunca pudo alcanzar el orgasmo, lo que atribuyó a la falta de un espacio adecuado y a la culpa que sentía por irrespetar la moral de su familia. Una vez cazada, pensó, el problema sería resuelto. No obstante, la luna de miel resultó un total fracaso: en lugar del orgasmo y la satisfacción sexual, lo único nuevo que encontró María fue una fuerte infección uretral, diagnosticada por su ginecólogo como "cistitis de luna de miel" y definida con risa maliciosa como "el precio del placer". Cuál placer, pensó María, y sin decir una palabra, concluyó que debía esforzarse un poco más para "ser una mujer verdadera". Después de un año de esfuerzo en vano, María concluyó que algo no le funcionaba como debía y que mejor se lo callaba, no fuera a ser que la cambiaran por otra mejor. Así que dejó de pensar en el asunto y siguió amando a Juan. Total, el sexo no es tan importante como el amor. Un tiempo después el sexo comenzó a resultarle tedioso y aburrido y se permitió sentir que su marido era muy egoísta al exigirle "mas de la cuenta". Poco a poco, el aburrimiento se le convirtió en una inhibición total del deseo. Después de todo, para que tanto alboroto por tres minutos de hacer feo. Definitivamente ya no sentía atracción sexual ni deseo por Juan, a quien comenzó a ver tan solo como un gran amigo, a pesar de que la molestara tanto por el asunto de la cama. Una noche, Ana María descubrió que su falta de deseo se había transformado en un re-chazo franco y decidido: definitivamente ya no quería hacer el amor. Total para qué, si en lugar de sentir bonito mas bien sentía feo. Desde entonces todo comenzó a cambiar rápi-damente. Se deprimió al aceptar que su esposo no la apoyaba ni la entendía y que le echaba la culpa de todo. Su resentimiento se fue haciendo mas y mas profundo, en la misma medida en que Juan se quejaba mas y mas de no tener la vida sexual que mere-cía. Hacer el amor se volvió en algo espantoso, aunque él nunca supo que lloraba mien-tras se venía en su vagina. Solo terminaba y se volvía, siempre enojado porque ella "no respondía". Fue entonces cuando María pensó en probar con otro, para verificar si era ella la del pro-blema. Pero no, claro que no lo haría. Otra noche, el rechazo que sentía hacia la sexua-lidad se convirtió en un rechazo hacia Juan, pero también lo calló, hasta aquél fatídico día. Según María, el poco amor que le quedaba se convirtió en odio, cuando se enteró de que su esposo la engañaba. En odio hacia él y hacia ella, por no haberle respondido como debía. Y él solo atinó a decirle: "te lo dije María". Moralejas: (1) El mal sexo mata el amor. |